Comer en los mercados de Barcelona: Boqueria, Santa Caterina y Sant Antoni
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Comer en los mercados de Barcelona: Boqueria, Santa Caterina y Sant Antoni

Hay mañanas en que uno sale de casa con la única intención de comer de pie, entre ruido de platos y olor a plancha. En Barcelona los mercados siguen siendo de los pocos sitios donde eso se puede hacer sin postureo y con producto decente. La Boqueria, Santa Caterina y Sant Antoni tienen cada uno su público, su ritmo y sus trucos. Después de repetirlos durante años, aquí va lo que realmente pasa cuando te sientas en sus barras.

La Boqueria: la que todos conocen

La Rambla empuja gente hacia dentro desde las diez de la mañana. A esa hora ya hay turistas con cámaras y también señoras con carro que vienen a por pescado. Las barras del centro se llenan rápido. Entre las once y la una y media es cuando más ambiente hay, pero también más espera. Si llegas a las doce y media un miércoles, lo más probable es que te quedes de pie mirando cómo otros comen.

El producto es bueno, aunque los precios suben según lo cerca que esté el puesto de la entrada. El pescado y marisco que ves en hielo por la mañana suele estar en la plancha a mediodía. Las tortillas y los calamares son recurso seguro cuando uno no quiere complicarse. El vermut y la caña van de la mano con todo.

Horario real: las barras de comida empiezan a servir desde las nueve y media, pero el movimiento fuerte llega sobre las once. A partir de las tres de la tarde el mercado se vacía de golpe y muchas barras bajan la persiana. Los sábados por la mañana es casi imposible encontrar sitio sin paciencia.

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Santa Caterina: el que ha sabido quedarse local

Cruzas la calle y el ambiente cambia. Santa Caterina tiene menos glamour y más barrio. La luz que entra por el techo ondulado de colores hace que parezca siempre más tarde de lo que es. Aquí las barras son más pequeñas y la mayoría de gente que come es de por aquí o trabaja cerca.

Los puestos de fruta y verdura siguen siendo de los mejores de la ciudad. El pescado es más de día a día, menos espectáculo. Las barras ponen el énfasis en lo que sale de la plancha: sepia, chipirones, algo de carne a la brasa. Hay menos turista que en la Boqueria, pero los fines de semana también se llena.

Horario: abre antes que la Boqueria y cierra más tarde. A las ocho de la mañana ya hay algún jubilado tomando café con un bocadillo de jamón. Entre la una y las dos es el momento más complicado. Después de las tres vuelve a haber hueco. Los miércoles por la tarde el mercado tiene menos gente porque muchos puestos cierran.

Sant Antoni: el que ha vuelto con fuerza

Después de la reforma, Sant Antoni se ha puesto guapo pero no ha perdido el carácter. El mercado de los domingos de libros y sellos sigue atrayendo a otro tipo de público. Dentro, las barras han ganado espacio y luz. Es el que más se parece a un mercado de barrio grande.

Aquí se come bien a cualquier hora razonable. Las croquetas y las bravas son clásicos, pero también hay buen arroz y alguna propuesta más ligera con verdura de temporada. Los precios son un poco más suaves que en la Boqueria. Los sábados por la mañana el ambiente es de mercado de verdad: gente con bolsas llenas y niños corriendo entre las columnas.

Horario: abre a las ocho y las barras suelen empezar a servir desayunos fuertes desde las nueve. El mediodía es animado pero menos agobiante que en el centro. Cierra temprano, sobre las tres y media o cuatro. El domingo por la mañana, después del paseo por el exterior, es un buen momento para sentarse.

Cómo ir sin acabar harto

Primera regla: nunca entres al mercado principal a las dos menos cuarto un sábado. Da igual cuál sea. A esa hora todos están llenos y el personal tiene cara de pocos amigos.

Segunda: come temprano o tarde. Las once y media o las tres de la tarde son buenos momentos en los tres mercados. Evitas las colas y el cocinero no está saturado.

Tercera: mira primero, siéntate después. Da una vuelta completa al mercado antes de elegir barra. Verás qué hay fresco ese día y qué está más tranquilo. Si un sitio tiene diez personas esperando y otro dos, la elección es fácil.

Cuarta: no pidas la carta entera. En las barras de mercado se come bien con tres o cuatro cosas. Un plato de pescado, una ensalada o unas verduras, una copa de vino y poco más. El pan y el alioli siempre llegan de regalo.

Quinta: lleva efectivo. Aunque cada vez aceptan más tarjetas, en algunos puestos pequeños siguen prefiriendo billetes. Y el cambio es más rápido.

Sexta y más importante: respeta el ritmo. Estos no son sitios para hacer fotos a cada plato ni para preguntar de dónde viene cada ingrediente. La gente va a comer, no a documentar. Si te pones en modo observador silencioso, el mercado te acepta mejor.

Los tres mercados siguen funcionando porque los barceloneses seguimos yendo. El truco está en no comportarse como si fuéramos la primera persona que descubre el sitio. Llegar con hambre, elegir bien el momento y comer con ganas suele ser suficiente.

Comemos fuera más de lo que deberíamos y cocinamos en casa lo que aprendemos. Escribimos desde Barcelona sobre restaurantes, recetas de siempre, vino y escapadas con el paladar como guía.